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¿Tu me vas a decir que la culpa es del reggaeton?

tudices
Hay una canción de Tito el Bambino junto a Randy que se remonta al año 2007 o 2008, para cuando eso yo cursaba el séptimo grado y tenía unos 12 a 13 años, se titula “Siente el boom”. “Cuando sienta el boom de este perreo intenso, túmbame el guille, calma, que estás en falda y se te ve tó’, ¿tú flaqueaste?, mi combo te ligo”. Yo se que se acuerdan y que lo leyeron cantando. Acordándome de esa letra y pegajoso ritmo, me nació escribir acerca del gusto por el controversial “reggaeton” en ciertos aspectos. Ustedes saben que este género musical desde siempre ha sido considerado literalmente un “disparate” por una gran cantidad de “intelectuales” o más bien por gente que han creído ser más inteligentes por rechazar al género e intentar minimizar a quienes le siguen.

En mi caso, siempre me tocó ser la muchacha recatada, inteligible, destacada… no sé como más llamarle al tipo de nenas “come libros” que a pesar de tener 8 leones por dentro (4 en la mente y otros cuatro regados por el resto de sistema) repiensa bien lo que hace y hará. Pues esa siempre he sido yo, pero con todo y lo antes expuesto, siempre he escuchado “reggaeton”. Tranquilo lector, que al sol de hoy ningún loco me embarazó después de un “perreo intenso”, uso mal vocabulario por gusto y no porque Franco el Gorila o LuiG21 me incitan, voy por el cuarto año universitario y no, no soy la escoria de esta sociedad. Yo estaba adentrándome en plena adolescencia para cuando ‘Changuería’ de J King y Maximan, ‘Bonita’ de Arcangel, Plan B estaba superando con otros palos a ‘Guatauba’, para cuando Nejo y Dalmata estaba en pleno apogeo, Hector El Father  todavía daba cátedra y Calle 13 era caco, “se vale tó’, to’, se vale tó’ to”. Más bien, los quiero llevar al viaje de que yo siempre he estado expuesta al “reggaeton” o perreo, como le quieran llamar y a pesar de ello siempre me he dado la oportunidad de abrirme a otros géneros musicales. Por otra parte, nunca me ha faltado la admiración por un Ismael Rivera, Héctor Lavoe, Raphy Leavitt, Rubén Blades, Richie Ray y Bobby Cruz, tampoco me ha faltado el viaje de Arjona, Maná, Los Pericos, Gomba Jahbari o Los Cafres, ¿me sigues? Pero, si es cierto que vengo de un país y pueblito en donde siempre ha predominado  dicho género y en donde ignorantemente se ha llegado a pensar que la culpa de la decadencia como Patria recae sobre el género urbano. Sí, es cierto que muchas de las letras incitan al sexo, drogadicción y otros males, pero si es cierto que las acciones diarias de la humanidad en general son consecuencia de pensamientos y valores inculcados desde el hogar y que nada tienen que ver con el “perreo” o “reggaeton”, que de hecho es muy variado y no todo es violencia.

Por favor ante un mundo en plena guerra, hambre y cientos de males, ¿tú me vas a decir que la culpa la tiene Pusho, Don Omar, D.Ozi, Arcangel, Daddy Yankee y el resto del género? No. Al menos en Puerto Rico la culpa es de un pueblo incapaz de salir a reclamar y luchar por sus derechos. Un pueblo que grita desde la pantalla del celular cuando es más fácil revolucionarse frente a la Casa de las Leyes y decir “¡BASTA!”. Pero, siempre ha resultado más fácil echarle la culpa la género urbano, por ejemplo, cuando ha sido un movimiento que hasta cierto modo en su gran mayoría han dado ejemplo de cómo salir de las peores barriadas y superarse. Ustedes y yo sabemos que el género urbano nada tiene que ver con nuestros males sociales. Yo también sé que seguiré escuchando un “perreito” de los viejos, a tó’ volumen mientras conduzco hacia la universidad a educarme y a tratar de sacar a mi Patria del hoyo, quizá lo escuche al trabajo o hasta la iglesia a educarme en Cristo porque una cosa no tiene que ver con la otra y “el que sabe sabe” como dice Tego Calderón.

 

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